29 ene. 2009

LA FABULACIÓN DE LA MANO

La escritura, la imprenta y el libro

Guillermo Sequera

Albert Cohen, prestigioso escritor suizo de lengua francesa decía: “…de la misma manera que el lenguaje es constantemente penetrado de emoción, la escritura es inseparable del sentimiento estético de los otros.”

La experiencia humana sobre el origen de la escritura, fue una emprendimiento histórico de amplio alcance. Su nacimiento se constituyó en una verdadera revolución del pensamiento humano, lo cual ayuda a entender su alta capacidad de creatividad, y sus diversas maneras de codificar significados para constituirse en un instrumento de comunicación y de conservación de la memoria. En el llamado arte prehistórico, los especialistas denominaron mitogramas (dibujos que expresan un contenido únicamente oral suspendido a un tiempo mítico). En el arte parietal fueron descubiertas -sólo por citar en el caso de Francia y España- unas 140 grutas prehistóricas, estudiadas por arqueólogos y prehistoriadores, quienes analizaron en detalle los misterios que deparaban aquellos dibujos y pinturas realizados en su tiempo, quizá, por talentosos artistas, y que representan una extraordinaria calidad figurativa que se expande sobre casi 5.000 años. Fueran pictogramas, hieroglíficos, cuartillas, alfabetos y otras representaciones; escritos o trazados sobre todo tipo de superficies: cuerpo humano, suelos, cortezas de árboles, papirus, tabletas de arcilla o de cera, hojas de palmas, en diferentes contextos históricos y regiones del planeta, dichas manifestaciones expresan también un esfuerzo considerable de las culturas y de las sociedades.

MESOPOTAMIA: civilización de la arcilla

Todos recuerdan, por ejemplo, la experiencia llevada a cabo en el Antiguo Medio Oriente, donde la necesidad de difundir y conservar las informaciones sobre los intercambios comerciales basamenta su origen en el sistema de escritura sobre arcilla. El nombre de Mesopotamia “país entre los ríos”, fue dado en el siglo II a.J.C., según el historiador griego Polibio (202-120) al conjunto de regiones entre el Eufrates y el Tigris, en limites al norte por las elevaciones del Taurus y del Anti-Taurus, al sur por el Golfo Árabo-pérsico. Polibio fue reconocido por ser un historiador pragmático y universal. Los altos conocimientos de los mesopotámicos se vieron enriquecidos por sus condiciones biogeogáficas. La principal riqueza es la arcilla, además del sol que pega fuerte y destruye, es también aliado del agua. En Mesopotamia, la cultura del agua se desarrolla de manera sorprendente, cuyos recursos acuáticos son domesticadas por sus pobladores creando sistemas complejos de irrigación. El agua fuente de la abundancia agrícola, se constituye en el material básico de la vida cotidiana para la construcción, y el arte de la cerámica. En Mesopotamia, el agua se convertirá rápidamente en el soporte fundamental en el desarrollo de la escritura. El resplandor extraordinario de la Mesopotamia y de su cultura de la arcilla reposa sobre la imponente invención de sus pobladores, generando también la situación obligada de pensar, decidir y adoptar muy pronto aquello que no poseían. La Mesopotamia es una gran obra de lo humano. Por ello, la epopeya de Gilgamesh que refiere al diluvio mítico, dice: “Yo, observé el tiempo, era el silencio, y todos los hombres se transformaron en arcilla”. Como simple manifestación y de representación del pensamiento humano, la escritura nace gracias al arte. Es comprensible que el nacimiento de la arte de la cerámica suscite en los mesopotámicos crear formas de pequeños objetos de arcilla: piedrecitas, bolitas, cilindros, conos, casi juguetitos de niños, o a lo mejor, amuletos para adultos. El hallazgo de esas cositas en arcilla, o, piedrecitas en arcilla, ayudó a suponer, -como es de costumbre con la invención y el uso de bolitas para muchas culturas-, que los pobladores la utilizaran para contar. De allí, que, después de arduo debate de especialistas, pero con la más alta seriedad científica, acordaron nombrar a esas bolitas: calculi. Del latín, calculi, calcular, contar. Estos pacientes señores y dedicadas señoras, señalaron que no necesariamente el empleo de buscar dar formas a la arcilla concluiría en un sistema de codificación. Hubo que esperar el desarrollo de aglomeraciones de pueblos en conformaciones urbanas como Uruk en Sumeria, y de Sus en el Golán, hacia el IV milenio, para que tanto esfuerzo de imaginería colectiva pueda convocar a romper con la traición prehistórica, elaborando un arte que refleje un pensamiento radicalmente innovador. Al artista de la arcilla se le ocurrió depositar en sus calculi, relatos, cuentos, narraciones que mucho tenían que ver con sus maneras de ver, explicar e imaginar el mundo, en formas de “historietas arcillosas de calculi“, sin gran diferencia a sus narrativas orales. De hecho, los calculi, utilizados para sumar o calcular simbólicamente, se transfiguran en una novedosa creación y uso.

En esa región, en el III milenio durante las dinastías arcaicas, la escritura evoluciona y su uso se expande. Escenas de combate entre seres humanos y animales fantásticos, celebración de bacanales son motivos que ilustran las bolillas en arcilla utilizadas en los intercambios, motivos que evocan relatos míticos, en un mundo regido por misteriosas fuerzas sobrenaturales, escenario privilegiado en el arte oriental. El uso de la escritura fue en todos los tiempos un instrumento necesario para expresar lo más preciado de si mismo y también valioso para los otros: los sentimientos, los sueños y las angustias.

China: La Gran Marcha de la Escritura

China, constituye una referencia obligada en materia de invenciones y técnicas milenarias, que Marco Polo (1254-1324), comerciante y viajero veneciano, primero; (en su Libro de las Maravillas del Mundo de 1298); y luego los jesuitas en el siglo XVII, supieron consignar la alta inventiva de la cultura china. Será justamente por ello que en 1697, el filósofo alemán Leibniz, escribía a propósito de la misión de jesuitas en China : “Pienso que ésta misión es el asunto más importante de nuestros tiempos, tanto por la gloria de Dios (…) que por el bien general de los hombres y por el acrecentamiento de las ciencia y las artes, (…) es un intercambio de las luces que puede darnos toda esa sabiduría de miles de años, y nosotros entregárselos a ellos, algo de lo más grande a imaginar”. Los jesuitas en China aparecen en la historia de crónicas como los verdaderos mediadores culturales. “Los intelecuales” -como los llamaba Montesquieu-; y quienes al poner pié en Beijing, tropezarían con el talento de aquellos inventores de la astronomía, se toparían con refinados pintores, astuciosos mecánicos, cuidadosos copistas que lidiaban con el simbolismo de una lengua única y rica en sugerencias (con más de 8.000 caracteres). Que fuera Yu el Grande, Confucio, de Mao tseu, de Tchouwang tseu, la genialidad de ilustres pensadores “se deja apenas imaginar” decía el gran sinólogo M. Granet, quien consideraba también que, “La antigua China, más que una filosofía poseía una Sabiduría”. La técnica del fundido del bronce permitió a los chinos inventar la fabricación de monedas de cambio. Madera, seda y bambú eran utilizados por los chinos en los últimos siglos antes de la era cristiana que antecedieron al libro manuscrito. Lo interesante es la capacidad creativa de los chinos es que cada material utilizado, condiciona la presentación del libro que se expone. La producción local de libros manuscritos en chino viajan y esos traslados, ayudados por su forma práctica producidos bajo dispositivos de rodillos en papel, libros doblados en papel, libros giratorios o libros en torbellinos; se desarrollan, se transforman, creando las condiciones de una permanente evolución del libro chino y la lectura; modificando –por efecto- a su vez, el comportamiento de los lectores ( que ya en esa época, siglo XI-XII, se conjuga con la invención de la xilografía y la producción en serie de libros estampados. La xilografía es la heredera de tradición del libro desde la antigüedad, cuya técnica permite administrar el espacio, una gran libertad tipográfica y de puesta en página. La transición de la copia manuscrita a la copia impresa, como en otros casos, se dio de manera acompasada. Ya en el siglo XI, la xilografía china se impone como un procedimiento ingenioso y económico.

El arabesco mundo de los Arabes

Nada más contrario a pensar que el “conflicto de culturas” entre el Occidente y el Oriente se originaría por causa de la ortodoxia tradicional árabe, lo que según un académico norteamericano Samuel Hunttington, cuya publicación fuera promocionada con bombos y platillos, y que de manera curiosa, antecede a las conocidas justificaciones guerreras sugeridas por el autor en su libro con refinada elegancia profesoral, pero sin nominar a los participantes del “Eje del Mal”. Vaya, entonces, ¿con que método científico concluirían academistas domesticados para convencer a españoles del Arl Dalus, o a sudamericanos de la Triple Frontera sobre el “peligro” inserto en el Corán y la espiritualidad practicada por comerciantes árabes migrantes? Gracias a la verdadera historia cultural de los pueblos, que está a la vista, nadie con un dedo, podrá tapar la luz del sol cultural. El mundo árabe es de una gran complejidad y representa un vasto conjunto de poblaciones arabo-hablantes que reúnen tanto a los de Arabia, Magreb, Libia, Turquía, Irán, Egipto, y a los pueblos del Oriente Medio, sólo para rememorar. Con la expansión musulmana, el mundo árabe entra en contacto con la civilización de la China. En el siglo XVI, los árabes ya conocían los métodos de impresión xilográfica de los chinos. En 1294, un jefe mongol del Irán, adopta la xilografía de los chinos para la impresión de una de las primeras tentativas de moneda en papel, cuyas inscripciones estaban escritas en árabe como en chino. El descubrimiento del Tarsh-s egipcio, en el siglo IX, según T.F. Carter; se debió con el aporte de las migraciones turcas que se dispersaron en Irak y en Egipto. La técnica del tarsh-s arabes son documentos que se despliegan como hojas individuales y que se presentan en una sorprendente variedad tipológica. Dicen que algunos fragmentos no pasan los 50 cms.; otros son de minúscula talla. Los tarsh-s son un ejemplo de refinamiento y búsqueda artística y de atrayente estética. Xilografías expuestas a dos colores, bordado con ornamentaciones geométricas, impresas con caligrafías de todo porte: desde lo arcaico kufí, al elegante naskhi. También comentan estudiosos haber descubierto antiguos manuscritos de tarsh-s escritos en hebreo bajo inscripción de un: “Bendito seas, a tu llegada, y bendito seas a tu partida”. Qué lejos entonces de aquel “choque de culturas”.

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