22 oct. 2007

LUQUE: LA REINVENCION DEL FILIGRANA


Guillermo Sequera

“…son necesarios arquitectos, albañiles, carpinteros, herreros, escultores, doreadores, pintores, el tejer lienzo, hacer puntas, cortar y coser los ornamentos, y aun alfombras, fundir campanas, candeleros de metal; y para la música todo género de instrumentos, procurando adelantarse en cada arte,…” escribía Francisco Xarque (1589-1639), en su “Libro Tercero de los insignes Misioneros del Paraguay”. Pero los luqueñitos no se dejaron estar, y poco tiempo después prohijan y desarrollan el arte de la orfebrería y de las joyas, para romper con aquella despectiva asignación del odioso mote de “kuréluque”!

La historia de la humanidad y su relación con la materia, es rica en enseñanzas por la gestión de sus medios y de técnicas que fueron inventadas; finalmente, para embellecer sus vidas, decorar sus utilerías y engalanar sus cuerpos. Y ellas, dan muestra de un alto significado por todo el esfuerzo humano de inventar. La historia del aprovechamiento de los metales se presenta en varios lugares del planeta y poco antes del desarrollo de la industria metalúrgica, y a la búsqueda primera en el uso de metales nativos. El oro, considerado metal precioso por todas las sociedades humanas, se posiciona entre dos continentes. En Egipto, en sus tiempos pre-dinásticos, y en Mesopotamia con el inicio de las dinastías. En nuestra América pre-colombina; el oro se expande desde México, y más al sur, desde el Perú. Los intercambios de técnicas y materias entre las sociedades se dieron gracias a las relaciones y los intercambios culturales. Dicen que en las playas de Asunción, con la llegada de la expedición de Gaboto, moja sus pies el alemán Hans Bunberke, primer artista de lápidas. Con la de Mendoza, arriba un primer platero: Juan Velásquez, para formar aprendices nativos en el arte de la filigrana, introducida por los árabes en la vieja Europa. Hoy; Mateo Medina, en éste 2007, es el fundador del Gremio de orfebres luqueños y heredero de esta fantástica historia que remonta a épocas antiguas de la humanidad. Don Mateo, rememora que la técnica de fabricación de joyas en filigrana se habría instalado en Luque, entre 1776 y 1868. Su tallercito familiar lo emprende bajo su impulso y con una rica y acumulada experiencia de unos 45 años. La filigrana es una técnica exclusivamente manual. El arte del gesto se expone en el engarce delicado de hilos de plata que permiten lograr formas, trasluz y transparencia a esa labor lenta, paciente, refinada, y que con el diseño imaginado, logra la levedad del encaje; tejido con hilitos de oro, o con hilitos de plata. El proceso de fabricación es de gran complejidad, -nota Don Mateo-, quien utiliza la plata mil, mezclada con cobre; y cuyo estado líquido es derramado a una melera. Al enfriarse, se forma una barra, llevada hasta una laminadora para obtener un hilado más fino. El fino hilado es colocado a una “hilera”, plancha de metal con orificios, donde se busca obtener hilitos de plata más finos. Con la ayuda de un compás y una pinza se doblan los hilos formando a partir de dicho proceso, disímiles figuritas. Se llegan a soldar las partes para unirlas. Las cintitas plateadas sirven para llenar espacios vacíos, y ganar el armado en espiral, o producir diseños que asemejan caracolitos plateados. La soldadura se lleva a cabo con diez gramos de plata, tres de cobre y tres de cadmio. Se prepara el líquido, el cual lo transforman en polvillo; lo mezclan con borax y agua, de manera a obtener una pasta la cual se coloca en los puntos donde se desea unirlos y así avanzar hacia el relleno del diseño casi terminado. Con la ayuda de un soplete se derriten los puntos, de manera a fijar las partes del diseño. El pulido final de la obra en filigrana, se realiza con cepillo de cerdas de bronce y remojo al agua. Don Mateo y su familia, son, en definitiva; la resultante histórica de lo consagrado por las sabidurías humanas de todas las civilizaciones: la creatividad. Su gran capacidad artesanal y refinado gusto lo lleva a lograr la producción excelsa de aros, pendientes, pulseras, collares, gargantillas, prendedores, broches, medallas, dijes, anillos, lapiceras, coronas, tiaras y un sin fin de joyas más. En el taller artesanal de Don Mateo, se pueden visualizar la combinatoria de técnicas y conocimientos milenarios de los pueblos más diversos, con la del arte y la imaginería local que constituyen un legado inestimable del patrimonio paraguayo. Con justa razón, hace más de trescientos años, Sánchez Labrador en su “Paraguay Natural” escribía: “ Creo que estos despertaron los ingenios del Paraguay para que mediten sobre las bellas cosas naturales que tienen a la vista y pasan con indiferencia; y así dar a luz la historia completa de cuanto produce un país”.

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